De nuevo una periodista es asesinada en México, y una vez más el pueblo no se calla. El país tiene que proteger a los periodistas, sus manos también están sucias.

por Itzamná Ponce

Fotos: Germán Canseco

“Suele decirse que, a través de su labor progresiva, el duelo va borrando lentamente el dolor; no podía, no puedo creerlo; pues, para mi, el Tiempo elimina la emoción de la pérdida (no lloro), nada más. Para el resto, todo permanece inmóviI. Puesto que lo que he perdido no es una Figura (la Madre), sino un ser: y tampoco un ser, sino una cualidad (un alma): no lo indispensable, sino lo irremplazable.”

/Roland Barthes. La cámara lúcida.

El día de ayer 23 de marzo desperté con la noticia de que Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua fue asesinada cuando salía en la mañana de su hogar para llevar a uno de sus hijos a la escuela. Periodista comprometida con las causas justas, valiente, que se atrevía a decir y seguir casos que pocos escribían. Días antes el 19 de marzo en Córdoba, Veracruz asesinaron al compañero Ricardo Monluí Cabrera con una larga trayectoria en distintos medios de comunicación. Años antes igual en Veracruz Regina Martínez, Gregorio Jimenez, Moises Sanchez, Rubén Espinosa entre una larga lista de nombres que hoy son más de 100.

No se necesita pertenecer a un gremio para sentir la tristeza de una muerte, se necesita solo quitarse la venda de los ojos y no ser indiferente. Nombres, sumas, restas no se trata de eso, se trata de que cada día el despojo está más cerca de nuestras familias, no son casos, no son gremios, no son listas, nos privan de la vida de seres queridos, amigos, hermanos, compañeros, hijos, madres, padres, abuelos.

Entonces ¿Cómo puede mi cuerpo ser indiferente ante los asesinatos que suceden a diario en México? ¿Si las heridas se cometen cada vez de forma más ondas sobre los cuerpos de los aún vivos? No olvidar a todas las víctimas de violencia, las cientos de feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua, a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero y el reciente descubrimiento de la fosa clandestina más grande de la república, en Veracruz, que fue descubierta por colectivos civiles organizados de madres en búsqueda de sus desaparecidos, y no por alguna institución gubernamental.

Nosotros quienes en la rabia y la necesidad cosechamos fuerza. Porque no queda de otra más que seguir caminando, seguir buscando, seguir desenterrando. Pero hacia una dirección muy clara, hacia la dignificación de la vida, hasta que la impunidad ya no sea respuesta, hasta que los asesinos reciban castigo y estén fuera del gobierno. Hacia la acción y la memoria.

Desde el 2006 cuando el gobierno declaró la guerra contra el narcotráfico, las muertes ascendieron, se hicieron visibles. Nos pusieron en medio de sus balas y se borraron los límites del gobierno y la delincuencia. Después la imposición del actual presidente de México que claramente es un inepto y una burla, con quien continuan las muertes, la represión hacia las luchas civiles organizadas y la persecución de comunicadores y activistas sociales. En muchos de los estados mexicanos son los Gobernantes junto a la Marina y los grupos Policíacos quienes participan como actores fundamentales del despojo de vidas o permiten el paso a los grupos de asesinos para cobrarlas. De norte a sur del país hay enfrentamientos y violaciones de derechos humanos cada día.

Por otro lado las instituciones pertinentes a las investigaciones carecen totalmente de medios tecnológicos y de personal preparado para la investigación comprometida y peritajes limpios en los casos. Y cuando participan investigadores internacionales hacen todo por manipular la información revelada. Crean montajes telenovelescos apoyados por las grandes empresas informativas para filtrar información, crear suposiciones y criminalizar en casi todos los casos a las mismas víctimas. Crean verdades históricas.

México vive en una eterna impunidad disfrazada de democracia. #NoNosCallarán fue el hashtag que surgió en 2015 tras el homicidio del fotoreportero Rubén Espinosa junto a Nadia Vera Pérez, activista social, antropóloga, productora cultural que también como Rubén salió de Veracruz por amenazas. También la colombiana Mile Virginia Martín, la maquillista Yesenia Quiroz Alfaro y la trabajadora doméstica Alejandra Negrete fueron asesinadas ese 31 de Julio del 2015 a plena tarde en un departamento de la colonia Narvarte en la Ciudad de México y a casi dos años la investigación continúa siendo manipulada.

Hoy leo en un muro de facebook, “se nos agotan las consignas” y se me llenan los ojos de lágrimas y el pecho de dolor porque la realidad se captura, se escribe, se ensaya y ningún gobernante quiere verse descubierto, ninguno quiere que se le hagan visibles sus robos, sus alianzas con las fuerzas armadas, sus alianzas con el crimen, sus alianzas con empresarios corruptos.

Aunque mi territorio de acción es el cuerpo, ahora escribo, investigó sobre los cuerpos heridos y sobre los cuerpos ausentes, para hacerlos aparecer. Para pensar, ¿A dónde se van los afectos y deseos? Queda solo la nostalgia, la rabia, la repulsión, el duelo y de aprender a vivir con la herida que aún no es cicatriz, porque no sana, sino que se abre cada que uno más es arrebatado injustamente de la realidad por aquellos que creen que lo pueden todo y que no han entendido nada del poder. Un hueco imposible de llenar, que se abre cada vez más. ¿Cuantas heridas más soportara nuestro cuerpo? En nuestro país la herida es tan onda que se está llenando de digna rabia, de construcciones posibles y de redes para podernos seguir sosteniendo.

Caminamos abrazados para soportar la herida. Dice El Comité Invisible en su texto A nuestros amigos. “En todas partes se lee la misma inquietud, el mismo pánico de fondo, a los cuales responden los mismos arrebatos de dignidad, y no de indignación. Lo que pasa en el mundo desde 2008 no constituye una serie incoherente de erupciones descabelladas que sobrevienen en espacios nacionales herméticos. Una sola secuencia histórica es lo que se desenvuelve en una estricta unidad de lugar y tiempo, desde Grecia hasta Chile. Y sólo un punto de vista sensiblemente mundial permite elucidar su significación. No podemos dejar exclusivamente a los think tanks del capital el pensamiento aplicado de esta secuencia.”

Yo ahora escribo, desde mi tristeza escribo, reescribo, pienso en vos alta. Para hacer sentido a el dolor que me causan de los golpes de los asesinatos de Miroslava Breach y de Ricardo Monluí Cabrera, y desde la herida por el asesinato de Rubén Espinosa y Nadia Vera. La exigencia es la misma: esclarecer el crimen, hacerlo con integridad y castigar a los verdaderos culpables. Ocupó el espacio de la distancia y el cobijo de Midia Ninja, esta gran comunidad que está transformando la narrativa informativa y visual de los medios libres en Brasil y que ahora me abre su espacio.

Y termino pensando en las ganas de permanecer viva y en la posibilidad de pensarnos comuna, de crear comunidades organizadas, redes de solidaridad para romper con la represión y los gobiernos asesinos. Hacer comunidad, y con esto cito al maestro Rubén Ortiz que dió en entrevista para la revista virtual Godot. “Pensar en comuna y cuerpo también tiene que ver con no fragmentarlo, no porque no se pueda fragmentar, sino porque creo que a estas alturas, por lo menos en México, la realidad ha superado a todas las ideas artísticas y filosóficas que hablaban de la fragmentación del cuerpo. La fragmentación del cuerpo fue justamente un paso importante para desencializar al cuerpo, para hacerlo otra vez visible. El problema surge cuando la fragmentación se vuelve realidad, como se ha vuelto realidad en el necroteatro mexicano. Por tanto, creo que los conceptos tienen que volver a ser pensados y aquí la idea de comuna permite justamente eso. “

Brasil 24 de marzo

#NiPerdónNiOlvido

#FueraPeña

#CarcelaDuarte

#Ju5ticia

#PrensaLibre

#JusticiaParaMiroslavaBreach

#NoSeMataLaVerdadMatandoPeriodistas

#NoNosCallarán

#YaNoMásBalas