“Me siguen. Me amenazan con matarme, con secuestrarme. Amenazan a mi familia. Esto es a lo que nos enfrentamos”. Así había denunciado la dirigente indígena hondureña Berta Cáceres, que fue asesinada a tiros el jueves pasado, a pesar de una orden internacional para proteger su vida. El patriarcado no perdona a quienes luchamos por nuestros derechos y por la defensa de nuestra Tierra. Hoy 8 de marzo, ¡Día de Lucha!, recordamos a todas las mujeres que han perdido la vida denunciando, actuando, defendiendo lo que es justo, por un mundo mejor. ¡No están solas! ¡No las olvidamos! ¡Seguimos caminando sus andares!

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Nosotras, mujeres, hermanas, compañeras, trabajadoras. Nosotras, viejas y jovenes, niñas y adolescentes. Nosotras, las afro, las blancas, las indígenas, las mestizas. Nosotras las de este lado del río, las de otros mares. Nosotras las del campo, las de la ciudad, las privadas de libertad. Nosotras, que estudiamos, trabajamos en nuestras casas y fuera de ellas. Nosotras, activistas y militantes sindicales, sociales, estudiantiles, intelectuales, políticas, artistas. Nosotras, lesbianas, heterosexuales, bisexuales, trans, cis, queer. Nosotras las que parimos y abortamos, las que cuidamos y las que no deseamos cuidar. Nosotras, mujeres, hermanas, compañeras, trabajadoras: ¡Estamos juntas, en alerta y en las calles una vez más!

No estamos solas. Están con nosotras quienes han construido al movimiento social uruguayo y latinoamericano, solidario, rebelde y organizado. Las diversas mujeres que se hicieron oír a lo largo de la historia, que nos regalaron su lucha florecida y amorosa, que comparten su potencia revolucionaria. Nos reconocemos, nos organizamos, queremos seguir construyendo un movimiento que haga sentir su voz y sea visible, que prenda como hierba en cada rincón del país. Un movimiento feminista tan amplio, diverso, plural y solidario como nosotras. Un movimiento anti-capitalista, anti-patriarcal, anti-racista y anti-imperialista, que se anima a construir un mundo justo, un mundo en donde la existencia sea digna. En este Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, nos movilizamos para reivindicar esta fecha histórica, para visibilizar los distintos movimientos feministas, nuestras propuestas y demandas, para habitar las calles y las plazas con nuestros cuerpos y hacer escuchar nuestras voces: ¡8 de marzo, día de lucha!

Nosotras no callamos: salimos a las calles desde el último 8 de marzo, denunciando cada feminicidio, nos hicimos escuchar para sacudir la indiferencia social y política que nos invisibiliza, anula y elimina como si fuéramos mercancías. Las alertas nos encuentran juntas, concentrando en plazas de la capital y del interior para crear pancartas y marchar. Y se sumaron muchas más compañeras y compañeros de todas las luchas. Conjuramos el dolor en un abrazo caracol reafirmando nuestra capacidad de autocuidado singular y colectivo, de recordarnos que la violencia no es un problema privado: es un problema público. Hoy volvemos a afirmar: ¡Tocan a una, tocan a todas!

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El 3 de junio de 2015, “¡Ni una menos!” se escuchó en toda Latinoamérica y miles se movilizaron en distintos puntos del país. Fue un año de encuentro, pero también un año en que se vio un incremento en la violencia machista y el feminicidio. Atrás de cada mujer muerta a manos de un varón, hay una larga historia de violencias machistas finamente articuladas. Denunciamos la cultura de violencia, la trata, la explotación sexual y laboral, el acoso callejero, en el trabajo y el cyber-acoso, los modelos impuestos de puta, santa, cuidadora sacrificada, la cosificación. Queremos revertir todas las formas del machismo que sostienen el neoliberalismo actual: en la casa, en el ómnibus, en las redes sociales, en el trabajo, en la escuela y en el barrio. Denunciamos la total impunidad de la violencia a la que estamos expuestas las mujeres trans, histórica y culturalmente negadas. Repudiamos cualquier discriminación por etnia-raza, orientación sexual e identidad de género. Defendemos el derecho a la libertad. Nosotras, las que vivimos la opresión en nuestros cuerpos y creamos las grietas para caminar distinto, gritamos: ¡Ni una muerta más, ni una mujer menos!

Nosotras, que reconocemos nuestros cuerpos como territorio de goce y disputa, de dolor y transformación, de novedad política. Nosotras decidimos sobre nuestras subjetividades y cuerpos, decidimos si queremos ser madres o no, cómo, cuándo y dónde y con quién parir a nuestros hijos e hijas. ¡Que ni el poder médico, ni el poder político, ni el poder religioso limiten nuestra autonomía! Denunciamos la violencia obstétrica. Señalamos los límites de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo porque no despenaliza el aborto. Dos mujeres fueron presas por abortar, dos mujeres han muerto, un varón fue procesado por acompañar. Quitemos los velos morales que se imponen sobre nuestras prácticas y nos siguen condenando. Nosotras, las que vivimos la violencia en nuestros cuerpos, decimos: ¡Ni una mujer muerta o presa por aborto clandestino!

Nosotras, las que estamos privadas de libertad: adultas y adolescentes, solas o embarazadas, o con hijos e hijas a cargo. ¿Dónde vamos a parar? Denunciamos la situación de violencia y violación de derechos a la que estamos expuestas. ¡Basta de dispositivos de dolor! ¡Basta de violencia institucional!

Nosotras, las que trabajamos siempre. A las que la división sexual del trabajo nos asignó el cuidado de otros, negándolo como trabajo. Nosotras, las que afrontamos la doble jornada laboral: la del espacio de trabajo remunerado y la que desarrollamos en nuestros hogares, queremos construir una existencia en la que cuidarnos y cuidar sea una tarea respetada, valorada e igualitaria. Es tarea de todas y todos hacernos cargo de nuestros hijos e hijas, de las personas adultas mayores y de las personas en situación de discapacidad. Los cuidados no deben construirse en base a multiplicar las formas de explotación y precarización laboral de las mujeres más pobres. ¡Queremos formas más justas y corresponsables de cuidado!

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Nosotras, las que habitamos lo precario de los empleos precarios, las que sostenemos solas nuestras diversas familias, las que nos preparamos más, pero nos pagan menos, las que migramos buscando oportunidades. Denunciamos la desigualdad y múltiples discriminaciones que vivimos las diversas mujeres en el mundo del trabajo. Denunciamos que la pobreza, el desempleo, la tercerización y precarización recae y se profundiza sobre nosotras. Nos solidarizamos con las compañeras de las empresas quebradas “Green Frozen” y “Fripur”, las desocupadas y todas aquellas que ven amenazadas sus fuentes laborales. Estamos alertas a los efectos de los problemas económicos porque los sentimos en nuestros bajos salarios, en los altos precios y en la suba de las tarifas. No nos alcanzan los salarios, somos las últimas en entrar y las primeras en salir del mercado de trabajo: ¡Basta de precarización laboral y pérdida de fuentes de trabajo! ¡No a la feminización de la pobreza!

 

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Nosotras, las que investigamos, escuchamos, proponemos y accionamos en todas partes, las que denunciamos todas las trabas a la participación política y el acceso igualitarios a lugares de toma de decisión, las que cuando queremos luchar desde nuestros ámbitos de inserción contra el orden social que nos explota y oprime, encontramos nuevas opresiones y dominaciones de distinto orden e intensidad, desde la prohibición expresa para ocupar espacios de referencia hasta la descalificación gratuita: luchamos para terminar con las desigualdades. Nosotras que nos organizamos por un mundo mejor, decimos: ¡Paridad en todos los ámbitos! ¡Sin las mujeres no hay revolución!

Nosotras, las brujas, las que sabemos conjurar, las que nos abrazamos para tomar fuerza y seguir luchando. Asumimos la lucha contra la dominación de clase, género y etnia-raza. Estamos desplegando nuevas formas de construir soluciones. Multiplicamos los espacios de encuentro entre mujeres diversas, para poner en palabras lo que nos pasa, compartir y transformar nuestras prácticas cotidianas. Nos sabemos acompañadas y fuertes ante las violencias. Seguimos madurando respuestas, propuestas y acciones que abordan y desbordan los protocolos y agendas de “género”. Construiremos prácticas y redes feministas para actuar, denunciar y prevenir las violencias machistas. Desde nuestras diferencias y diversidades, las feministas sabemos de los frentes comunes que nos encuentran juntas, las feministas sabemos habitar el disenso. Nosotras, todas en alerta y en las calles, gritamos fuerte para que se sumen otras, muchas otras: ¡Mujer, escucha. Únete a la lucha!

 

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Nosotras, seguimos con el puño en alto y la dignidad rebelde. Creemos en nosotras y en la fuerza colectiva, nuestra lucha es cada vez más fuerte. Reafirmamos que cada cual necesita encontrar sus formas, sus colectivos, sus tiempos, sus artes y sus espacios, pero que la lucha será juntas o no será.

¡Feminismos en las plazas, las casas, las camas y en todas partes! ¡Vivan las luchas feministas!

COORDINADORA DE FEMINISMOS DEL URUGUAY

8 de marzo 2016