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Texto: Nicolás Páez

Ante la clara evidencia de que lejos estamos del fin de la epidemia sabiendo que 10 personas contraen el virus por hora y 6 por hora mueren a causa de enfermedades relacionadas al SIDA en América Latina, el 2016 trae consigo un nuevo método que promete mejorar aún más la calidad de vida de las personas que vivimos con VIH. La cura funcional consiste en una nueva forma de administración de la medicación antirretroviral reemplazando la ya conocida toma diaria de comprimidos por una inyección cada 6 meses. Hace no más de 15 años una persona con VIH debía tomar entre 15 y 19 pastillas diarias y aunque hoy el panorama es mucho más alentador todavía resulta agotador para algunas personas tener que, de forma cotidiana, ingerir entre 1 y 4 comprimidos. Esta nueva alternativa ya fue ensayada y el año que viene será probada en un número determinado de pacientes para confirmar su efectividad y de ser así, incluirlo dentro de los esquemas existentes.

No obstante es importante recordar que la realidad paralela con la que convivimos las personas positivas no siempre es la ideal y sobre todo en algunas regiones de Latinoamérica. Es frecuente que crean que la medicación es la solución al VIH pero cuando las necesidades básicas de todo ser humano como son el empleo, el acceso a una vivienda digna, la alimentación, el agua potable y la atención médica correspondiente no se encuentran cubiertos o satisfechos, resulta difícil que el tratamiento cause el efecto esperado. La medicación no es la panacea.

Necesitamos imperiosamente que la atención sea integral, digna y abarcativa. Que el acceso a la medicación sea garantizado por todos los Estados al cien por cien, que se legisle en materia de discriminación y estigmatización y que la justicia no criminalice ni penalice la transmisión involuntaria y mucho menos, a las personas que vivimos con VIH.

Recibimos con beneplácito todo avance científico y médico que simplifiquen los esquemas medicamentosos pero no olvidemos los efectos secundarios que padecemos en pos de sostener nuestra calidad de vida la cual a su vez en definitiva se ve afectada, principalmente las personas verticales es decir, las y los que nacieron con VIH quienes crecieron, vivieron y viven entre frascos de medicina.

Recibimos con satisfacción todo avance médico, pero mientras una o un compañerx nuestro muera a causa del SIDA y por falta de contención y afecto, todo será en vano y es por eso que seguiremos exigiendo la cura ya.