Cobertura Colaborativa Núcleo Facción Chile

Weichafes mapuche

En la ternura de nuestros antepasados, conversemos, les pido.

Un nuevo 12 de octubre reunió en Santiago al pueblo mapuche, chilenos y extranjeros por la reivindicación de las tierras y el legítimo derecho a la libre determinación. Pero en medio de la marcha apareció una consigna: “la lucha del pueblo mapuche es una lucha por la ternura”.

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Texto por Teresita Calvo

El gris de la capital en nada se parece a las tonalidades de los sauces, de los nogales y los castaños de la Araucanía. El cielo es más opaco que el Azul del Biobío, y el tiempo corre más deprisa. Pero los motivos que reúnen a mapuche, chilenos y extranjeros en el centro de Santiago son los mismos: el derecho a vivir en paz.

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Es 12 de octubre, y para las decenas de personas que se congregan en plaza Italia no hay nada que celebrar. “Estamos luchando por el legítimo derecho a nuestro territorio”, dice un lonko por alto parlante. Las consignas por la libre determinación, la recuperación de tierras, y la libertad de los presos políticos resuenan y se leen en cada lienzo.

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A medida que pasan los minutos la convocatoria aumenta y se organizan para marchar. Escuelas carnavaleras, batucadas, comunidades mapuche rurales provenientes del centro y sur de Chile, mapuche urbanos, chilenos, agrupaciones por diversas reivindicaciones de derechos, vendedores callejeros, turistas y curiosos se unen en una larga columna. El centralismo obligó a muchos a dejar sus territorios por un día para lograr que sus voces suenen más fuerte.

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Escuela Carnavalera Chin-Chin Tirapié

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Carnavalito Gitano

Todos saben que no están ahí para conmemorar un descubrimiento, sino para denunciar un genocidio y reivindicar una demanda histórica, todos están para marchar por la resistencia de un pueblo. “Esta marcha no sólo simboliza la lucha de los mapuche sino de un sinnúmero de pueblos originarios que el Estado de Chile les puso el pie encima, los despojó. Y lo que estamos planteando desde el sur es reivindicar el territorio, recuperar la tierra, recuperar nuestros derechos a la libre determinación, al libre tránsito”, dice el werken Rodrigo Kuripán, del Lof Ranquilco ubicado en la zona de bajo Malleco.

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En medio de la columna surge una pequeña pancarta: “la lucha del pueblo mapuche es una lucha por la ternura”, dice el letrero que levanta un winka. La frase se pierde en medio de la masa, pero deja en el ambiente su sentido. “Nuestra espiritualidad, nuestro kimün, nuestra sabiduría, tiene que ver mucho más con la armonía y el respeto hacia el otro, hacia la diversidad de la vida. Nosotros no buscamos tierras por avaricia, o por tener más hectáreas, sino por el equilibrio entre todas las especies que habitan, porque si no tenemos ese espacio difícilmente va a haber un equilibrio en la tierra. Y ese equilibrio se construye a partir del amor”, dice Marcela Llancasil, de Padre las Casas.

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En sus palabras aparecen los recuerdos de su tierra, la sabiduría y los epew de su abuela, el calor del fogón, el aroma de la comida y los sonidos de la naturaleza. “El pueblo mapuche es muy acogedor”, complementa Rayen Luna Kuyen, que llegó a la marcha junto a su comunidad desde Viña del Mar. “Lamentablemente tuvimos que levantarnos para defender lo que le pertenece a nuestros hijos. Somos un pueblo tranquilo, de paz”, dice.

“Pero la violencia aparece donde la mires”, agrega Claudia Millao, mapuche urbana de Santiago. “La más evidente es la militarización que existe en el wallmapu, la otra está en la discriminación de la sociedad, o esto de querer ver al mapuche como el pobrecito, todo eso es un insulto. Entonces claro, la esencia de la lucha está en el amor, y por ende en la ternura. En el amor a la tierra, a tu prójimo. La reivindicación de las tierras es por un amor mucho más profundo, estamos hablando de nuestros ancestros, nosotros somos parte de la tierra, la cuidamos. Cuando vas a sacar algo de ella, le pides permiso y agradeces, porque sabes que eso no es tuyo”.

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“Las posturas más radicalizadas provienen también de una ternura con la gente, con la comunidad, con el territorio donde uno habita o fue despojado. Hay una relación muy de hermandad, muy colaborativa entre todos. En las grandes ciudades es muy difícil vivir así, es un lugar super competitivo donde esos valores no suelen aplicarse. Necesitamos más ternura”, agrega Camila Llanquineu, de Santiago.

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La conversación se interrumpe con la llegada de las fuerzas especiales. A lo lejos se ven los chorros del guanaco en su actuar represivo y más de un encapuchado lanzando piedras. Pero nada hará que se pierda el sentido. La columna sigue avanzando y las palabras de Elicura Chihuailaf aparecen en la memoria: “situados en la misma superficie Azul, cima y sima: conversemos, les pido. En la ternura de nuestros antepasados tenemos toda una sabiduría por ganar”.

Participantes de la cobertura colaborativa: Teresa Calvo, Andrés Jofré, Rosa Angelini, Raúl Landini

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