Por Gustavo Zanella, Periódico Andén, para Facción. Fotos: Lucia Prieto y Carlos Sainz

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Foto: Lucia Prieto

Hay temas importantes, temas urgentes y temas que son las dos cosas y que los políticos no atinan a resolver. Uno de ellos es la crisis habitacional de la Ciudad de Buenos Aires en la que se encuentran inmersas cientos de miles de personas.

A principios de año el área de Estudios Urbanos del Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG-UBA), brindó una cifra elocuente: más de 150000 hogares padecen graves problemas de vivienda, es decir, en emergencia habitacional. 33% de los hogares en la Ciudad son en la modalidad alquiler. 70000 personas viven en hoteles o en inquilinatos. Al mismo tiempo que el fenómeno de la gentrificación transforma a la vivienda en un bien especulativo se genera una expulsión de los sectores más postergados hacia zonas urbanas o suburbanas incapaces de brindar los servicios mínimos indispensables. Los nuevos hogares que se constituyen año tras año –incluso los unipersonales- no encuentran en el mercado inmobiliario opciones que les permitan garantizar un techo a mediano y largo plazo. Tampoco el sector bancario ofrece respuesta alguna. Se estima que un asalariado promedio necesita aproximadamente entre 70 y 80 sueldos completos para poder ser el dueño de una vivienda de dos ambientes.

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Foto: Carlos Sainz

En este contexto, el lunes 5 de octubre se reunieron frente a la Legislatura de la Ciudad Inquilinos Agrupados, Inquilinos de Frente y el Partido Inquilinos de Neuquén, colectivos sociales que desde hace años trabajan la cuestión habitacional y que desde hace un tiempo se reconocieron como compañeros de ruta.

-Hace muchos años que venimos trabajando estos temas, en especial Gervasio Muñoz, de Inquilinos Agrupados que tienen una trayectoria larga dando esta pelea – Comentó Marco, de Inquilinos de Frente. –Buscamos la creación por ley de la Defensoría del Inquilino por que los abusos son enormes y nadie da respuesta, que se regulen los precios y condiciones de los alquileres, que haya impuestos a la vivienda ociosa y que se cree un Ministerio de la Vivienda. Denunciamos también que hay un paralelo entre el acceso informal a la vivienda y el acceso informal al trabajo, quien no tiene un trabajo en blanco, con recibo no puede acceder a las garantías necesarias, no puede acceder al mercado crediticio, y es una rueda que no termina nunca.

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Foto: Lucia Prieto

Marco sabe que la cuestión es delicada y atraviesa tanto a los pobres como a la clase media. – Hay que ser cuidadoso –dice- porque no todos los que tienen este problema se vinculan con él de la misma manera. Una cosa es cómo se queja la gente que desde siempre tuvo este problema y otra es cómo lo hace el de clase media que un día se encontró con que no podía pagar el alquiler, que es reticente a levantar la voz, muchas veces por vergüenza. La gente con problemas habitacionales tiene una composición transversal y la mayoría no quiere verse aparateada por agrupaciones que busquen un rédito partidario. Por eso nos juntamos acá, en un festival, sin banderas; para concientizar, porque muchas veces la gente se acerca desesperada a las consultorías gratuitas que realizamos buscando una solución. Y la idea es que la gente se empodere, que conozca sus derechos como inquilinos y que luche por ellos y los haga valer.

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La artista Sara Hebe se sumó al Festival solidario. Foto: Carlos Sainz

La lucha de los distintos actores es ardua y debe desandar distintas sendas. Una es la ley de alquileres de la Ciudad de Buenos Aires que data de 1985 y que es prácticamente inaplicable ya que el sector inmobiliario cambió. Otra es la práctica abusiva de las inmobiliarias que, ante la necesidad de las personas, cobran gastos de adelanto y gestión prohibidos por ley ante un Estado ausente o, como mínimo, extremadamente lento para dar respuestas y evitar esa forma de usura disfrazada.

El PRO, que gobierna la Ciudad desde el 2007, ha dado pocos signos de preocuparse por el tema. Sus opositores políticos lo acusan de subejecutar el presupuesto de vivienda en todos sus ejercicios contables. Ya en 2012 la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) denunciaba en un documento que incluso el 40% de los habitantes de los núcleos habitacionales transitorios (o villas) se encontraban sometidos a un régimen de alquileres predatorios incluso en un estado de absoluta informalidad. El imaginario fascistoide de cierta clase media que presupone la vida en las villas como cómoda y sujeta a la toma de tierras se ve así desdibujado por los datos duros que colocan en igualdad de condiciones al inmigrante, al pobre y al asalariado con educación superior que a pesar de sus esfuerzos tiembla cada vez que su contrato de alquiler llega a su fin.
Los organizadores del festival subieron la apuesta y propusieron 3 records para la Ciudad: es la única donde 1 de cada 3 habitantes alquila, es la única donde se construyen casas y departamentos vacíos como commodities de las clases altas, es la que tiene los programas más ineficaces de acceso a la vivienda. También recordaron un vínculo que entre tanto dato es olvidado, que cada vivienda es una familia, una historia, hombres y mujeres y niños que ante cada mudanza, ante cada arribo a una pieza precaria en un nuevo barrio, debe rehacer sus vínculos con el espacio, con el resto de la gente que lo habita.

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Foto: Lucia Prieto

Con el apoyo de una decena de agrupaciones –pero siempre manteniendo la equidistancia partidaria- el encuentro tomó la forma de festival en el cual participaron colectivos de danza, murga, Rosario Bléfari, leyenda del rock independiente argentino, Tumbalata, colectivo de tambores, y el cierre quedó en las manos (o en la voz) de la siempre comprometida Sara Hebe.

Un centenar de personas estuvieron en el lugar incluso desde antes que comenzara. Se contaban sus penurias como inquilinos, se sugerían mecanismos de acción, se preguntaba en las consultorías gratuitas, se insultaba a los poderes facticos que los obligaban a estar ahí reclamando por lo suyo cuando podrían disfrutando con sus familias. Muchos de los transeúntes pasaban, miraban y se guardaban en el bolsillo los volantes que se repartían con indicaciones de cómo reclamar ante el abuso de los propietarios e inmobiliarias. – Por las dudas – se le escuchó decir a uno que se llevaba dos o tres – nunca se sabe cuándo le puede pasar a uno.

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Foto: Lucia Prieto