Texto por Gisela Mendez para la Cobertura Colaborativa de FACCIÓN
Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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Es parte de nuestro sentido común la afirmación de que el ser humano se acostumbra a todo. Una premisa que puede tomarse como positiva para dar cuenta de la capacidad de adaptación de la especie, cuando es llevada a la vida en sociedad describe la abulia con la encaramos un mundo lleno de miserias. Nos acostumbramos a la desigualdad y la violencia en todas sus variantes: de clase, racial, de género. Que marcó el quiebre esta vez para que masivamente salgamos a gritar #NiUnaMenos?
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La noticia podría haber sido simplemente una más. Chiara Perez, una adolescente de 14 había sido asesinada por su novio en complicidad con su familia. Chiara estaba embarazada. Antes hubo otras, cientos de mujeres muertas.

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El foco puesto en los finales trágicos nos impide entender los caminos que llevan a estas situaciones de violencia. Por cada muerte visible hay miles de mujeres acosadas, humilladas, violentadas de múltiples maneras. La desigualdad y la violencia de género (como la de clase, como la racial) esconden detrás una relación de poder. Desacostumbrarnos y reconocer la desigualdad, visibilizarla, cuestionarla, marchar, dibujar, gritar y cantar, en definitiva actuar sobre eso es una forma de cuestionar y disputar esa relación de poder. El patriarcado, que muchas veces aparece como un ente borroso y hasta exagerado porque, como negarlo, las mujeres hemos conquistado numerosos derechos, sin embargo sigue ahí, firme. Resiste.
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Preguntarnos por qué ahora, por qué hoy y no antes, es invisibilizar el trabajo de diferentes colectivos feministas que hace años le ponen el cuerpo a esa lucha. El Encuentro Nacional de Mujeres, por poner un solo ejemplo, lleva 30 desarrollándose sin interrupciones.

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Quizás sea más adecuado preguntarnos por qué así, por qué ahora el llamado de #NiUnaMenos es masivo. La convocatoria, surgida después del asesinato de Chiara tiene un aspecto que marca nuestra época: la viralización. El colectivo organizador (formado por periodistas, escritoras, activistas) capitalizó el modo de comunicación de las redes sociales para visibilizar que los asesinatos y la violencia cotidianeidad son un problema colectivo. Y como todo problema colectivo, la solución es política.

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Esta modalidad de convocatoria, tan efectiva en un sentido, corría el riesgo sin embargo, de banalizar las cuestiones de fondo. Es fácil sacarse una foto con una consigna que pocos se animaría a cuestionar. Es lo correcto. Que Macri, Tinelli y hasta Cecilia Pando adhieran no debe en ese sentido sorprendernos, pero si quedaba en el aire un pregunta ¿Como construimos coherentemente y llenamos de contenido la consigna #NiUnaMenos?
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La concurrencia masiva tanto en Buenos Aires como muchos otros puntos del país demostró qué existe material de sobra para llenar de contenido la consigna, que tenemos muchas cosas para decir.
Aunque la cita era a las cinco de la tarde, ya desde temprano las inmediaciones de la plaza del Congreso comenzó a poblarse con carteles y banderas. Hubo quienes se acercaron con reclamos concretos hacia la Justicia y la Estado. Con fotos de mujeres, sus madres, amigas, hijas, reclamaban no sólo justicia por las muertes. Es que en cada historia se repite un círculo de negación y menosprecio por las victimas que incluye policías, jueces y funcionarios públicos. “Mi hija está presa y el marido que le pegaba anda por la calle como si nada” relataba la mamá de Daiana Diaz. Junto con otras mujeres se pararon sobre una de las esquinas del Congreso. “Vine porque quiero que se saque la ley” continúa. La ley ya existe. Es la 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. Para Daiana como para muchas otras, es como si no existiera.

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“Todo se hace con un esfuerzo y una falta de recursos impresionante desde la familia” relata Vanina, junto con otras amigas y ahora también compañeras en la búsqueda de justicia por la muerte de Liliana Garabedian. “Nos dicen que murió de hambre y sed cuando nosotras sabemos que fue estrangulada”. No es la primera vez que marchan, seguramente no sea la última. Hoy sin embargo están acompañadas por cientos de personas. “Por suerte hoy parece que todo el país se puso de pie para decir basta”.

Otros/Otras se acercaron con carteles hechos a mano y frases que por repetidas no dejan de ser necesarias. Las cartulinas de colores se multiplicaban. Un grupo de adolescentes levantaban el alto las suyas: “Basta de violencia”, “Si te controla NO es amor”, “NO es NO”. En la esquina de Callao y Rivadavia, los empleados de “Nac &Pop” también se sumaron con un cartel manuscrito “#NiUnaMenos 50% de las mujeres precarizadas también es violencia”. “Todos estamos precarizados. Pero para las mujeres es más dificil” cuenta de uno ellos. “Es más difícil para las mujeres enfrentarse a un supervisor que las acosa”.
Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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Ya sobre la hora del acto, la multitud que avanzaba desde Callao hacia la Plaza era tan grande como imposible llegar hasta el escenario. Familias con niños de todas las edades, compañeros de oficina, trabajadores, militantes de toda la vida y también gente que por primera vez asistía a una movilización. Sobre Avenida Rivadavia avanzaban las columnas de Unidos y Organizados. Algunas organizaciones de izquierda ya estaban apostadas frente al escenario.

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Pese a la diversidad ideológica no se registraron incidentes. En el aire se respiraba una mezcla de sensaciones, desde la bronca, el hartazgo y el dolor hasta la satisfacción de haber dicho presente, la alegría de saber que somos muchos a quienes nos importa la violencia de género, la tranquilidad de reconocernos.
Ayer quedó demostrado que es el Patriarcado el que está herido de muerte. Sí, va a resistir. El desenlace no será hoy ni mañana. Pero sucederá inexorablemente. Mientras tanto seguiremos poniendo el cuerpo, como lo hicimos siempre, para crear un mundo sin #NiUnaMenos.

Fotógrafxs:
Carlos Sainz
Diego Mares
Héllyda Cavalcanti
Laura John Scotte
Lucía Prieto

Texto por Gisela Mendez para la Cobertura Colaborativa de FACCIÓN
Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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É parte do nosso senso comum a afirmação de que o ser humano se acostuma a tudo. Uma premissa que pode ser tomada como positiva para dar conta da capacidade de adaptação da espécie, mas quando levada à vida em sociedade, descreve a falta de vontade com a qual encaramos um mundo cheio de misérias. Nos acostumamos à desigualdade e à violência em todas as suas variantes: de classe, racial, de gênero. Qual foi a quebra para que, desta vez, saíssemos massivamente a gritar #NiUnaMenos?
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A notícia poderia ter sido simplesmente mais uma. Chiara Perez, uma adolescente de 14 anos havia sido assassinada pelo seu namorado em cumplicidade com a sua família. Chiara estava grávida. Antes houveram outras, centenas de mulheres mortas.

Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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O foco colocado nos finais trágicos nos impede de entender os caminhos que levas a estas situações de violência. Para cada morte relatada, existem milhares de mulheres acediadas, humilhadas, violentadas de múltiplos modos no caminho. A desigualdade e a violência de gênero (como a de classe e a racial) escondem por detrás uma relação de poder. Nos desacostumamos a reconhecer a desigualdade, visibilizar-la, questioná-la, marchar, desenhar, gritar e cantar, e definitivamente, atuar sobre o tema é uma forma de questionar e disputar esta relação de poder. O patriarcado muitas vezes aparece de forma desfocada e até exagerada, fruto das inegáveis e numerosas conquistas das mulheres, porém ainda assim seque aí, firme. Resiste.

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Nos perguntarmos porque agora, porque hoje e não antes, é invisibilizar o trabalho de diferentes coletivos feministas que há anos dedicam seus corpos à essa luta. O Encontro Nacional de Mulheres, para colocar apenas um exemplo, possui 30 anos de realização sem interrupção.

Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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Talvez fosse mais adequado nos perguntarmos porque assim, porque agora o chamado de #NiUnaMenos é massivo? A convocatória que surgiu após o assassinato de Chiara tem um aspecto que marca nossa época: a viralização. O coletivo organizador (formado por jornalistas, escritoras, ativistas) captou o modo de comunicação das redes sociais para dar visibilidade aos assassinatos e à violência cotidiana como um problema coletivo. E como todo problema coletivo, a solução é política.

Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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Esta modalidade de convocatória, tão efetiva em um sentido, corria o risco sem dúvida, de banalizar as questões de fundo. É fácil tirar uma foto com uma afirmação que poucos ousariam questionar. É o correto. Que Macri, Tinelli e até Cecilia Pando tenham aderido não devemos nos surpreender, mas ficava no ar uma pergunta: Como construímos com coerência e com conteúdo o lema #NiUnaMenos?

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A presença massiva tanto em Buenos Aires como em muitos outros pontos do país demonstrou que existe material de sobra para encher de conteúdo o lema e que temos muito por dizer.

Mesmo com a marcha marcada para às cinco horas da tarde, já desde cedo as imediações da praça do Congresso começaram a povoar-se com cartazes e bandeiras. Houve quem se acercou com reclamações concretas sobre a Justiça e o Estado. Com fotos de mulheres, suas mães, amigas, filhas, clamavam por justiça não só pelas mortes. Em cada história se repetia um ciclo de negação e menosprezo pelas vítimas, que incluem policiais, juízes e funcionários públicos. “Minha filha está presa e o marido que lhe batia anda pela rua como se não tivesse feito nada” relatava a mãe de Daiana Diaz. Junto com outras mulheres que pararam em uma das esquinas do Congresso. “Vim porque quero que se cumpra a lei” continua. A lei já existe. É a 26.485 de Proteção Integral para prevenir, sancionar e erradicar a violência contra as mulheres nos âmbitos em que elas desenvolvem suas relações interpessoais. Para Daiana, como para muitas outras, é como se esta lei não existisse.

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“Tudo se faz com muito esforço e uma falta de recursos impressionantes vindos das famílias” relata Vanina, junto com outras amigas e agora também companheiras na busca por justiça pela morte de Liliana Garabedian. “Nos dizem que morreu de fome e sede quando nós sabemos que foi estrangulada”.
Outros/Outras se uniram ao movimento com cartazes feitos a

mão e repetidas frases que não deixam de ser necessárias. As cartolinas coloridas se multiplicavam. Um grupo de adolescentes levantava as suas: “Basta de violência”, “Se te controla NÃO é amor”, “NÃO é NÃO”. Na esquina de Callao e Rivadavia, os empregados da “Nac &Pop” também se somaram com um cartaz manuscrito “#NiUnaMenos 50% das mulheres precarizadas também é violência”. “Todos estamos precarizados. Mas para as mulheres é mais difícil” contavam eles. “É mais difícil para as mulheres enfrentarem um supervisor que as acusa”.

Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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Já na hora do ato, a multidão que avançava do Callao até a Praça era tão grande que era impossível chegar até o palco. Famílias com crianças de todas as idades, companheiros de oficina, trabalhadores, militantes de toda a vida e também gente que pela primeira vez assistia a uma mobilização. Sobre a Avenida Rivadavia avançavam colunas de “Unidos e Organizados”. Algumas organizações de esquerda já estavam posicionadas em frente ao palco.

Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

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Ainda que houvesse grande diversidade ideológica, não se registraram incidentes. No ar se respirava uma mescla de sensações, da raiva ao cansaço, da dor até a satisfação de ter se feito presente, da alegria de saber que somos muitos dos quais se importam com a violência de gênero e da tranquilidade de nos reconhecermos.

Ontem ficou claro que é o Patriarcado que está ferido de morte. Sim, ele vai resistir. O desenlace não será hoje nem amanhã. Mas sucederá inexoravelmente. Enquanto isso seguiremos colocando o corpo na luta, como fizemos sempre, para criar um mundo sem #NiUnaMenos #NenhumaAMenos.


Fotógrafxs:
Carlos Sainz
Diego Mares
Héllyda Cavalcanti
Laura John Scotte
Lucía Prieto