por Fede Abib para FACCIÓN

Desde que la vi, en la Primera Plenaria de Provocación de ELLA, cautivo mi atención. En un clima efervescente de risas, colores, movimientos, grupitos y mixturas de tonadas latinas, destacaban sus ojos abiertos de par en par, colmados de curiosidad y picardía. La piel de chocolate y leche, estridente su sonrisa, el cabello azabache amarrado hacia atrás en un atado tan recto como su semblante, la columna fija y el cuello apenas móvil.

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Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

Un rato más tarde, ese mismo día, estábamos sentados en la misma ronda de debates de temática LGTTTBIQ. Cuando se presentó, pidió que nos diéramos el tiempo de hablar de diversidad sexual en identidades indígenas, y mencionó brevemente su comunidad. Los tiempos y ritmos de los debates convirtieron su intervención en un comentario tangencial, y sentí la curiosidad de ver más a través de sus palabras.

De su voz sólo cabe una palabra: maternal; haciendo honor a la suavidad de sus movimientos y a la calidez de sus expresiones. Durante la siesta del tercer día del encuentro finalmente decidí acercarme, sentada tras una mesa de la feria improvisada en la puerta del mARTadero, exhibía sus artesanías. Conversaba con una periodista, y no dudó en ofrecerme una silla e invitarme a escuchar.

Nandin Solis, o Wigudur Galu, como ella decide pensarse, es oriunda de la comunidad de los Kuna, una población indígena de Panamá. Ella habita su comunidad y sus afectos desde una identidad particular, las Wigunduguid, en honor a un Dios Kuna cuya particularidad reside en tener un alma doble. Omeguid, significa “como mujer”, y muchas veces se la utiliza en tono despectivo, para hablar de los varones homosexuales de la comunidad. Nandin, en un gesto de reapropiación del insulto, se presenta de ambas formas. Cualquiera que no conozca sus tierras pensaría que una Omeguid es lisa y llanamente una persona trans, pero según nos cuenta Wigudur, es una identidad transgénero particular muy diferente.

Entre charla, pregunté a Nandin qué entendía ella por agenda feminista y agenda del movimiento de mujeres; y qué la había motivado a participar del encuentro. Para mi sorpresa, su respuesta fue mucho más que personal. En tanto identidad, las Omeguid son una experiencia reciente, novedosa, que emerge entre las Kuna efecto de los procesos de occidentalización de los últimos siglos; pensar el involucramiento de estas trayectorias en un encuentro de mujeres subvierte directamente la lógica política por la que generalmente las compañeras dan batalla sobre las representaciones de la femineidad.

Proveniente de una cultura oral, matricial y comunitaria; en su cosmogonía, la naturaleza se manifiesta en dos espíritus, el de la paba y el de la nana. Cada una de ellas habita los cuerpos Kuna. La genealogía que rememora Nandin es muy clara, los cuerpos Omeguid o Wigunduguid, tienen una identidad espiritual. Wigunduguid hace referencia al carácter binario del alma de cada ser Kuna, un alma que de acuerdo a los tabúes y prejuicios típicos de cada sociedad, puede devenir en tres experiencias diferentes de habitar un cuerpo y los procesos afectivos: Varon Kuna; Mujer Kuna y Omeguid.

Nandin insiste en que las Omeguid tienen una función social muy importante en su cultura, la de acompañar la intimidad de jóvenes – varones y mujeres – en los procesos afectivos que acarrean la vida adulta. Las Wigunduguid o Omeguid son responsables de gran parte de la vida amorosa de estos jóvenes, y según cuenta, compañeras por muchos años. Asi también, Nandin especifica que esto no implica el involucramiento de la genitalidad, diferenciando así a las Omeguid de toras identidades, según ella más occidentales, que si se rigen por la jerarquía genital.

Cuando un núcleo de crianza percibe que un niño expresa en sus prácticas las emociones típicas de un alma Omeguid, toda la familia estimula y protege esas formas. Este privilegio está directamente relacionado con las significaciones culturales que recibe la femenidad entre los Kuna. Siendo una sociedad matricial ancestral, la femeidad, lo femenino y las prácticas relacionadas a las mujeres son experiencias propias de lo divino y de las deidades; de ahí que como experiencia espiritual las familias, fundamentalmente las madres, celebren y protejan a sus hijos omeguid.

De ahí también que las Omeguid no sean conjugables con otras experiencias identitarias típicas de los marcos occidentales de sexo, género y deseo. Sin duda las omeguid son atravesadas por las pasiones; según cuenta Nandin, en lo cotidiano se enamoran y reconstruyen lazos afectivos, pero nunca se consuman en relaciones amorosas dentro de los estándares convencionales del amor romántico y la familia tipo. Por el contrario, los vínculos afectivos que mantiene la comunidad con las Omeguid son mucho más duraderos e íntimos, aunque muchas veces eso implique para ellas rescindir algunas modulaciones del deseo.

Curioso por el dispositivo de género, pregunté a Nandin qué diálogo tienen esas experiencias con nuestras trayectorias típicas del dispositivo de sexualidad – gay, lésbico, trans. La respuesta es incomoda y dolorosa: “ahora estamos obligadas a pensarnos en esas palabras; se están cerrando los canales entre las islas y las comunidades porque nos invade la visibilización” sostuvo. En una lógica a la que muchas de nostras estamos acostumbradas, la visibilización es la bandera de lucha por exelencia de las identidades subalternas; para Nandin no lo es, todo lo contrario, la visibilización por la que tienen que ser atravesada en la lucha por defender sus imaginarios colectivos son desposeídas en categorías occidentales que deconstruyen la espiritualidad Kuna.

Con un tono cansado afirmó “antes no teníamos necesidad de salir a decir quienes somos, vivíamos bien cada una en nuestras islas”. Ladeando la cabeza, apuntando al auditorio principal de ELLA 2015, agregó “ahora tenemos que salir a visibilizarnos, aunque no nos guste, tenemos que salir a hacer ruido en estos espacios, para que las compañeras también aprendan a pensarse a través de nuestras palabras, como nostras tenemos que pensar con las suyas”. “Hacer ruido” en estos espacios, esperando que las compañeras puedan pensar políticas publicas que estén diseñadas teniendo en cuenta la pluralidad de cosmogonías en las que se fundan tantas experiencias de femineidad en Latinoamérica.

Así encontraba respuesta a mi curiosidad: para Nandin, en tanto Omeguid, la agenda, sea de mujeres, sea feminista, es un dialogo pendiente con la comunidad de las mujeres; un diálogo que reconoce la urgencia de nuevas garantías ciudadanas, de nuevas formas legales para proteger a las mujeres de la violencia machista, pero también, un diálogo que busca hablar la violencia colonialista contra la que se lucha desde la interculturalidad.

¿Tendrá el movimiento de mujeres el efecto político de redefinir los procesos afectivos por los que cada una de nostras vivimos la espiritualidad de nuestros cuerpos? Algunas estaríamos tentados de tildar esto de feminismo esencialista; pero desde ELLA, sabemos que la espiritualidad de los cuerpos femeninos es un derecho que cada una merece tener protegido, garantizado y celebrado.