por Fede Abib para FACCIÓN

Una especie de pulsión estética me recorrió al verla tomar el micrófono durante la plenaria de apertura del ELLA 2015. Los hombros abiertos, su boca ancha, los puños firmes y las manos amplias, el pelo malo continuado en rasta, la tenacidad de su mirada, la combinación de los colores, el tono latino de su voz. Cualquiera que haya leído “Guerrilleras” de Monique Wittig podría sondear una especie de sublimidad al verla de pie, profundizando las intervenciones de otras compañeras, en apelaciones a la citas que van de Audrue Lord a las sufragistas del siglo XIX, para volver al posporno contemporáneo.

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Foto: Cobertura Colaborativa FACCIÓN

Esa pasión desordenada que me despiertan las feministas radicales, me llevó a preguntarle qué entendía por agenda de mujeres y por agenda feminista, y desde qué identidad pensaba su construcción.

A pleno sol Cochabambino, lo primero que dejó claro fue la sospecha sobre esta entrevista: para qué, cómo y con quién. Imagino que no podría ser de otro modo: la sospecha feminista por el propio feminismo es tan necesaria como la risa de las mujeres ante las categorías políticas por las que tratamos de pensarlas.

Fugitiva de todo marco, Kelly es Colombiana afrodesendiente, y se presenta como lesbiana-abortologa, sus ideas apuestan a construir desde la crítica feminista, con el objetivo de inventar las posibilidades necesarias para que cada cuerpo haga de su carne su propio campo de batalla.

Kelly plantea la urgencia de diferenciar el potencial y el devenir de ambas categorías políticas: el feminismo como proyecto emancipatorio y las mujeres como experiencia politizada. Ella confirma que durante mucho tiempo el movimiento de mujeres sólo se ocupo del lugar de la mujer dentro de las políticas públicas, lo que se conoce mejor como movimiento sufragista. Dentro de las conquistas logradas por esas compañeras se encuentran las bases y las posibilidades de que hayamos gestado un frente teórico político que hoy llamamos feminismos.

Es necesario, según ella, diferenciar el concepto de mujer, arduamente politizado, del feminismo como proyecto político que busca la disolución del binarismo de género; y en ello, diferenciar otras experiencias de habitar y encarnar una vida, que muchas veces quedan diluidas en las categorías binarias. En ese sentido, afirma que la profundidad del debate sobre la mujer suele incorporar fundamentos esencialistas de los que históricamente las propias compañeras han buscado emanciparse.

Todo ese mapa no es suficiente, Kelly insiste en la necesidad de ir en contra del propio feminismo y recuperar las rupturas que lo definen como proyecto político. Cada movimiento de mujeres que logra dialogar o disputar las teorías feministas, abre un nuevo arco de posibilidades hacia una legitimidad emancipadora. Experiencias encarnadas que hasta entonces se encontraban obturadas en jerarquías de poder patriarcales, colonialistas, raciales y económicas, pueden encontrar allí su posibilidad.

¿Una agenda de mujeres? Se pregunta. ¿Qué es una agenda de mujeres? Insiste. Y continua: “no entiendo que tanto hablan de una agenda de mujeres”. Retórica, como toda feminista, da vuelta los términos del debate y despeja, convencida, su posición ante las plenarias y las mesas.

Conversar sobre una agenda implica, para ella, admitir que sabemos qué será de nosotras, y de nuestros procesos. Es decirnos que todas tenemos los mismos principios y las mismas urgencias; y ello no es cierto, no tenemos las mismas urgencias que todas nosotras; tenemos más o tenemos menos, tenemos otras y con todas ellas tratamos de habitar un sujeto abierto y plural.

En ese sentido, afirma que no podemos hablar de una agenda feminista o de mujeres sin entrar en multiples contradicciones, pues hace mucho tiempo que nos hemos dado cuenta que no somos solamente mujeres. Debemos pensar nuestros proyectos como una agenda de acuerdos entre mujeres que hacen sus propias políticas. Acuerdos feministas y de mujeres, entre mujeres y en pluralidad. Una agenda que debe permanecer abierta a las líneas de fuga de cada cuerpo. Para Kelly, enfrentarnos al proyecto político hilvanado en los encuentros de mujeres es asumir que vamos a trazar una agenda de rupturas, más que con otros procesos políticos, con nosotras mismas y con las formas en que nosotras los reproducimos.