“Las calles son nuestras” (Y nos vamos a empeñar en afirmar esta consigna)

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Douglas López

Por: Alondra Sevilla Jiménez

“Las calles son nuestras” (Y nos vamos a empeñar en afirmar esta consigna)

En más de una ocasión me he visto envuelta en conversaciones largas con compas que

defienden activamente los derechos humanos de las mujeres desde donde pueden

hacerlo, pero que siguen sin encontrarle la “gracia” a las marchas. Me suele suceder

que me emociono explicando que al salir a las calles en fechas emblemáticas, o cuando

nos convocamos por urgencia del contexto contribuimos a hacer visible al

movimiento, nos juntamos con otras, con otros, nos sirve para reconocernos, para

nombrar con la voz, el baile, el canto, el arte, los pronunciamientos, eso que estamos

defendiendo, eso que sigue pendiente o en riesgo. Nuestros derechos.

Está muy bien vivir los feminismos en la singularidad de lo individual, pero la fuerza

colectiva de juntarnos es vital y no tiene comparación, por eso –entre otras cosas- nos

autoconvocamos para la marcha pacífica del 8 de Marzo en Managua, sólo que esto no

le sonó muy bien a quiénes mandaron a bloquear el paso de todxs lxs que coincidimos

el domingo con ganas de conmemorar el Día Internacional de las Mujeres.

Hace un año esta misma marcha no logró avanzar hasta el punto definido de llegada. A

pocos metros de la tarima donde se daría lectura a varios pronunciamientos

nos encontramos con una barrera de antimotines y un buen número de policías de

distintos rangos. La barrera de antimotines era una barrera de mujeres… Recuerdo

claramente la cantidad de reacciones, tan diversas como las mujeres que estábamos

ahí, desde la risa incrédula por ver aquel despliegue descarado de represión hasta la

rabia y la decepción de sabernos imposibilitadas para avanzar. En ese entonces como

ahora no era metáfora lo de no poder avanzar, era una realidad descarada e injusta…

Sólo en 2014, en Nicaragua fueron asesinadas 79 mujeres y son muchas las evidencias

de que el Estado no actúa para proteger a las que interponen denuncias sobre la

violencia que están viviendo, la penalización absoluta del aborto ha condenado a la

muerte a las más pobres y ha obligado a otras al aborto clandestino en condiciones de

riesgo, estos son a penas dos ejemplos de las trabas para que los derechos de las

mujeres y niñas nicaragüenses no avancen. En el 2015 la movilización por el Día

internacional de las mujeres se volvió a encontrar con una barrera de mujeres

antimotines haciendo de frontera entre el lugar donde nos reunimos y a donde

teníamos previsto llegar. Esta vez también estaban convocadxs trabajadorxs del

Estado con banderas rojo y negro y camisetas alusivas a la campaña permanente del

gobierno.

De un lado ellxs del otro nosotrxs, y en medio mujeres equipadas como si realmente

las feministas fuésemos EL enemigO, y lo que me volvió a quedar claro ese día es que

sí somos peligrosas pues ponemos en riesgo al patriarcado, al opresor , lo han hecho

nuestras ancestras y lo harán las que están por llegar… Nos dimos la vuelta y

marchamos en dirección contraria , aunque sé que también estábamos indignadas por

el descaro de impedirnos el paso aún sonrío al recordar a las que cantaban, a las que

bailaban, a quienes hicieron teatro en la calle, a las que gritaron las consignas a todo

pulmón, las que nos animaron a seguir, las que hicieron registro de todo eso, las que

nos acompañaron desde otros lugares –por cosas como esa es que los feminismos son

tan potentes- y aunque ya tengamos en la memoria dos 8 de Marzo repletos de

antimotines, el bloqueo del paso y las absurdas explicaciones de que estaban ahí para

protegernos de los enfrentamientos estoy convencida que soy parte de un movimiento

que hizo honor al lema con el que fuimos convocadas para esta marcha “ Por nuestros

derechos: siempre rebeldes, siempre transgresoras”

Y sí, las calles son nuestras y seguiremos ocupándolas.

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Foto: Douglas López

Foto: Douglas López

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Foto: Douglas López

Foto: Douglas López

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