Gustavo Salgado
Texto por El Arte Resiste


El 4 de febrero de 2015, fue encontrado el cadáver del activista, Gustavo Salgado Delgado, importante dirigente del Frente Popular Revolucionario, quien venía trabajando a favor de cientos de familias desplazadas por la violencia del narcotráfico en el estado de Morelos, provincia ubicada al sur de la Ciudad de México.

Gustavo fue secuestrado después de una asamblea popular con jornaleros de la Montaña de Guerrero, mismos que fueron desplazados por la violencia del narcotráfico y que buscan que el gobierno les otorgue una lugar dónde vivir. Sus compañeros se percataron de la desaparición del joven activista al ver que no llegaba a otra reunión que se tenía pactada, salieron a buscarlo y al acudir a las autoridades competentes estas no quisieron recibir la denuncia.

En su provincia, Salgado Delgado fue uno de los principales impulsores de las movilizaciones por la desaparición de los 43 normalistas desaparecidos. Su presencia se había tornado incómoda para diversos grupos de poder en la región.

Para que el negocio del narcotráfico, pueda llevarse a cabo, en tanto que poder económico, requiere de la complicidad del poder político que le permite actuar con total impunidad en extensas zonas del territorio mexicano. Todos los partidos políticos en México, tanto de derecha como de izquierda, han sido infiltrados por las poderosas redes del narco, con las terribles consecuencias que ello supone para la sociedad mexicana.

El poder político y el poder económico requieren también una sociedad desmovilizada, y la mejor manera de lograrlo es infundiendo terror. En los últimos años, el blanco de la estrategia para infundir horror han sido los periodistas y los activistas sociales, con el objetivo de anular todas las voces críticas y disidentes. Las formas sanguinarias usadas para eliminar a todo aquel que se interponga en el camino de políticos y narcos llevan un claro mensaje para la sociedad, “no se atrevan a alzar la voz, no se atrevan a intervenir en nuestros negocios.”

La forma en que Gustavo fue asesinado revelan el grado de descomposición social que existe en México, las manos le fueron cercenadas y fue decapitado. Se dice que los culpables fueron comuneros de un grupo opositor que peleaba la posesión de unas tierras, pero también sabemos que Gustavo sufrió la constante vigilancia y hostigamiento del gobierno de la provincia de Morelos en donde vivía, provincia gobernada por un partido de “izquierda” y que recibía amenazas igualmente de grupos criminales, ya en marzo de 2014 había sufrido una detención arbitraria durante una marcha.

En México existe una campaña nacional por criminalizar la protesta. Hoy ser joven es peligroso. Tan sólo el gobierno de “izquierda” de la Ciudad de México tiene presos a varios jóvenes activistas con acusaciones que no han podido demostrar y a pesar de ello siguen presos. Otros jóvenes universitarios más, vinculados al movimiento por Ayotzinapa, aparecieron muertos en situaciones sospechosas. La muerte de Gustavo se suma a las muchas cuya responsabilidad directa las podemos atribuir a las diversas formas en que los gobiernos neoliberales distribuyen las estrategias represivas.

Los ciudadanos mexicanos saben que hoy están en medio de un fuego cruzado, pero ya no están dispuestos a permitir que la actual situación continúe. En México 6 mujeres mueren al día en México; hay más de 30 mil personas desaparecidas y en muchos casos, el propio gobierno está implicado; 130 mil han sido asesinadas; existen 7 mil reportes de tortura y sólo hay 7 condenas por esto. A pesar del miedo, la gente está cansada y exige cambios en el país. Un importante movimiento social está tomando forma. La muerte de Gustavo y de muchos otros activistas y periodistas no será en vano. En su nombre, otro México está tomando forma desde abajo.