Nota4-#100happydaysPor Marcia Ugarte Barquero, Jaime Gutiérrez Alfaro y Joaquín Lizano Morales

El 2014 en Costa Rica trajo consigo una campaña electoral que se extendió hasta abril, cuando los electores acudimos a una segunda ronda entre el candidato oficialista Johnny Araya Monge y el opositor Luis Guillermo Solís Rivera. Este último resultaría electo por una mayoría apabullante.

El país tenía más de 30 años de sufrir una alternancia en el poder de dos partidos conservadores de derecha (Partido Liberación Nacional y Partido Unidad Social Cristiana) y este año la disconformidad de la mayoría de la población costarricense decantó la elección presidencial por un partido distinto, uno que con solo doce años de existir se ha movido por el centro del espectro político y ha sido crítico constante de los partidos tradicionales.

 faccion  boletin-14El nuevo gobierno asumió funciones en mayo y luego de un poco más de 100 días de ejercicio, el presidente Luis Guillermo Solís, por iniciativa propia, ofreció un informe donde evidenció cómo había encontrado el país. El panorama presentado es concordante con la sensación popular: hemos sido gobernados por irresponsables, corruptos en algunos casos e ineptos en otras. Ninguna novedad para la población, el presidente solamente dijo lo que se murmura por cualquier calle del país; pero no es despreciable que la presión popular por una mayor transparencia haya sido interpretada desde casa presidencial.

El cambio político en el país espera generar mayores opciones de debate nacional en torno a las políticas y las formas de gobierno que hemos tenido los costarricenses. La articulación de colectivos que se planteen y construyan en conjunto estas nuevas formas de gobierno son necesarias. Costa Rica, sin tener una línea política progresista, pretende posicionarse en una coyuntura donde parece abrir la opción a posibilidades que en gobiernos anteriores eran inviables. Esta época de transición si bien deja claro un repudio generalizado a los partidos políticos que gobernaron los últimos 30 años, también trae consigo una duda: ¿la disconformidad de la población es solamente con los partidos políticos tradicionales o es también con las políticas de esos partidos? ¿Es el partido gobernante un verdadero cambio de políticas?

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